REDRI
Revista Electrónica de Relaciones Internacionales

La política exterior y
la generación de ideas

¿Existe en España hueco para una institución generadora de ideas en materia de política exterior, independiente de los intereses y estructuras de los partidos políticos? A raíz de los recientes cambios habidos en el Real Instituto Elcano, Roque San Severino formula algunas reflexiones acerca de este interrogante, que puede tener una gran importancia en la conformación de la política exterior española.

Roque San Severino

El reciente y aún inconcluso relevo de la cúpula directiva del Real Instituto Elcano (RIE) constituye una invitación a la reflexión acerca del papel que los llamados “think tanks” pueden jugar en el diseño y orientaciones de la política exterior española. Para ello hay que comprender que, a diferencia de otros momentos históricos, la política exterior se ha convertido, comprensiblemente, en un ámbito más de la legítima y democrática competencia partidista. Quedan, por tanto, lejos los tiempos en los que el llamado consenso en materia de política exterior, de hecho, ocultaba la ausencia de una verdadera política exterior, entendida como el resultado de un debate democrático.

Por el contrario y, prácticamente, a raíz de la opción atlantista y de participación directa en el conflicto de Irak del Gobierno del Partido Popular y la oposición a estos planteamientos por parte del Partido Socialista, se abre una nueva e inédita etapa en la política exterior española donde, por primera vez en nuestra historia, aquella tiene consecuencias y réditos electorales.

Este nuevo contexto deja poco lugar a actuaciones institucionales, de interés general, en materia de política exterior. La realidad reciente ha demostrado que la objetividad académica no cabe, no existe o, simplemente, no es interpretada como tal cuando intenta ocupar un espacio mediático coincidente con el debate político. En consecuencia, los “think tanks” de carácter institucional, concebidos como un lugar de encuentro y de debate, donde participan, directamente, las opciones partidarias, pero que son ajenos a las instituciones democráticas formales, simplemente, no resisten la natural tensión del enfrentamiento político.

Por este motivo, la tendencia natural es que las democracias avanzadas prescindan de instituciones a las que se pretende colocar por encima del debate político cotidiano y, por el contrario, lo habitual es que las instituciones dedicadas a la generación de ideas en materia de política exterior formen parte más o menos explícita y, en ningún caso inconfesable, de las estructuras de los correspondientes partidos.

Cuando sí existen estas instituciones, que podemos definir de interés general, se dan una serie de rasgos característicos: 

  1. La ausencia completa de la Administración en la financiación y, particularmente, en la gestión y selección de cuadros de dichas instituciones, de manera que la independencia no sea tanto una proclamación de principios como un hecho objetivamente comprobable, a través de la incapacidad material de los gobiernos para influir, por estos medios, en la generación de ideas en materia de política exterior contrarias a sus intereses partidistas.

  1. La existencia de un sector privado, de origen fundamental, aunque no exclusivamente, empresarial, fuertemente comprometido con la independencia de la institución y dispuesto a resistirse a los naturales deseos de los partidos políticos de servirse de estas instituciones para sus propios y democráticamente legítimos planteamientos.

  1. El encaje de este tipo de instituciones en una sociedad civil dispuesta a escuchar mensajes de relevancia e incidencia política que no provengan, precisamente, de las estructuras partidarias.

En última instancia y a manera de conclusión, existen motivos razonables y hechos verificados que permiten dudar de la actual capacidad de la sociedad española para permitir la existencia, libre de condicionamientos, de este tipo de instituciones, que hemos denominado de interés general. Sin estas premisas, parece razonable considerar que, en las actuales circunstancias de la política española, cualquier intento de generar ideas sobre asuntos de política exterior pronto quedaría fagocitado, condicionado o, pretendidamente, tintado por el debate democrático y sus protagonistas esenciales que son los partidos políticos.

Por tanto, sería lógico y, democráticamente, saludable pensar que el protagonismo en materia de generación de ideas de política exterior e internacional radique, en los próximos años, en el entorno, directo o indirecto, de los partidos políticos. Esta es, por otro lado, la realidad que, con timidez y mesura, pero con evidente contundencia, parece estar emergiendo en España y de la que los recientes relevos en la RIE es una buena muestra.