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Cuatro
propuestas para la reforma Atrium La presentación del informe sobre la reforma del servicio exterior, preparado por la comisión nombrada a tal efecto por el gobierno español, y que ha estado presidida por el embajador Melitón Cardona, vuelve a poner en un primer plano de actualidad un tema del que se viene hablando y discutiendo desde hace años, pero en el que los cambios y reformas introducidos hasta ahora han sido ciertamente escasos. En nuestra opinión, hay cuatro puntos clave que deberían ser contemplados por la reforma, con el fin de que España cuente con servicio exterior moderno y eficiente. Nuestras cuatro propuestas, en las que, como se verá, un hilo conductor central es la especialización y profesionalización, son los siguientes: 1- Especialización geográfica En otros países, como Estados Unidos o Reino Unido, se promueve e incentiva la especialización geográfica de los funcionarios del servicio exterior. Un diplomático británico puede empezar su carrera como Primer Secretario en Egipto, y terminarla como embajador en Arabia Saudí. Su especialización es el mundo árabe, una especialización buscada e incentivada por el ministerio de Asuntos Exteriores británico. Algo similar ocurre con otros diplomáticos que se especializan en Asia o Latinoamérica. En España, por el contrario, la especialización geográfica no ha sido prácticamente tenida en cuenta. Ha sido normal, por poner un ejemplo, destinar a la embajada o consulados en Alemania a funcionarios que no hablan alemán, algo que en los medios alemanes resultaba difícilmente comprensible. Hace algunos años, uno de los pocos diplomáticos españoles que habla chino, y que era un buen especialista en temas chinos, fue desestimado para el puesto de ministro-consejero en la embajada en Pekín, y destinado a una embajada latinoamericana; el motivo fue muy sencillo: el puesto de Pekín fue solicitado por otro diplomático, que no tenía ninguna especialidad en China, pero que tenía más “antigüedad” y probablemente mejores “relaciones” en la superioridad. En España, el sistema no ha favorecido la especialización geográfica. Los funcionarios del servicio exterior son cambiados de una a otra zona del mundo en base a criterios de antigüedad, desaprovechando e ignorando su especialización en una zona de determinada, que probablemente el funcionario ha adquirido gracias a su esfuerzo e iniciativa individual, sin apenas apoyo por parte de la Administración. Sin una política que fomente la especialización geográfica, existe menos incentivo para que los funcionarios estudien lenguas como árabe, chino, japonés o alemán. Es una de las razones por las que España cuenta con pocos funcionarios que hablan estas lenguas ¿Para qué realizar el gran esfuerzo que supone aprenderlas, si luego este conocimiento apenas va a contar en la carrera profesional, si las asignaciones de puestos se van a decidir en función de criterios que no tienen en cuenta la especialización y la formación adquiridas por los funcionarios? En la política de nombramientos de los funcionarios del servicio exterior se debe incorporar el criterio de la especialización. Ello favorecerá el que los funcionarios tengan un incentivo para adquirir esa especialización (en primer lugar, mediante el aprendizaje de la lengua). Y favorecerá, en suma, el que España cuente con funcionarios destinados en un país con un conocimiento más profundo del mismo. 2- Especialización y autonomía del área comercial Uno de los temas de los que se especula y habla desde hace muchos años es la posible integración del área de comercio exterior (actualmente encuadrada en la Secretaría de Estado de Turismo y Comercio) en el ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. Esta integración podría ir acompañada (aunque no es un requisito imprescindible) de la integración en el cuerpo diplomático del cuerpo de técnicos comerciales y economistas del Estado, el cuerpo de funcionarios que se ha ocupado tradicionalmente del comercio exterior y ha nutrido los puestos de consejeros comerciales en las embajadas. Una integración de este tipo no es en absoluto recomendable. Se debe mantener la independencia y la autonomía del área comercial en el servicio exterior, en primer lugar por razones de especialización profesional. El comercio exterior tiene sus técnicas, requiere unos conocimientos que se van desarrollando y perfeccionando con la práctica. En segundo lugar, porque el área de comercio exterior ha desarrollado una cultura profesional que tiene diferencias apreciables con el área de Asuntos Exteriores. Esta distinta cultura profesional se origina, en primer lugar, en el hecho de que las Oficinas Comerciales tienen una vertiente de servicio al público, es decir, de servicio a las empresas, que apenas existe en las cancillerías de las embajadas. Las Oficinas Comerciales están en contacto constante con las empresas, atendiendo sus consultas, organizando misiones comerciales o participaciones en ferias, apoyándolas en su participación en operaciones, etc. El área de comercio exterior es sensiblemente más pequeño, en tamaño, que el área diplomática. Una integración sería más bien una absorción. Lo más probable es que supusiera la alineación del elemento minoritario con el mayoritario, con el consiguiente deterioro de la cultura y las prácticas profesionales alcanzadas por el servicio exterior comercial. 3- Profesionalización del servicio exterior Una idea que se viene proponiendo desde determinados círculos desde hace algún tiempo es la eliminación de la especialización y profesionalización del servicio exterior, y su apertura cuasi-indiscriminada a funcionarios y profesionales a todo tipo. Según esta propuesta, se debería abrir el servicio exterior, de forma que cualquier funcionario, e incluso cualquier profesional que no sea funcionario, podría ser nombrado para ocupar un puesto de funcionario en el exterior. Por las mismas razones de especialización y profesionalización mencionadas en los dos puntos anteriores, se debe rechazar con determinación este tipo de propuestas. La eficiencia exige especialización. Suprimir la profesionalización significarían perder la especialización en unas funciones que tienen una alta complejidad y reclaman una formación muy específica. Significaría, igualmente, invalidar la relevancia de la experiencia que un funcionario va a acumulando a lo largo de su carrera profesional. 4- Promoción de las nuevas tecnologías en el servicio exterior En comparación con otros países de nuestro entorno (como los de la UE), un campo en el que España tiene un vergonzoso retraso es el de las nuevas tecnologías. Contar con una presencia moderna en Internet es hoy en día esencial. Las páginas web de las embajadas, de las Oficinas Comerciales, del Ministerio de Asuntos Exteriores o de la Secretaría de Estado de Comercio, son con frecuencia la primera ventana a la que se asoman las empresas extranjeras que pueden tener interés en España y sus productos. Es necesario que esta primera impresión sea buena, y que estas páginas web sean un instrumento eficiente para transmitir y recibir información. Hoy en día, la situación está muy alejada de ese objetivo. No existe, en primer lugar, una política sistemática y unificada de presencia en Internet. Hay una serie de embajadas y Oficinas Comerciales que han establecido páginas web por su cuenta. Cada una tiene su diseño, sus criterios de gestión y actualización. En muchos casos, se trata de páginas web anticuadas, poco atractivas. A veces pueden estar meses, o años, sin actualizar. En las embajadas, el atraso en cuanto a utilización de nuevas tecnologías de comunicación, como el correo electrónico, es verdaderamente llamativo (éste es un campo, por ejemplo, en el que el área de comercio exterior ha realizado un notable esfuerzo y se ha situado muy por delante). Para contar con un servicio exterior eficiente, es prioritario dar un gran impulso a la utilización de nuevas tecnologías y, en particular, a la presencia en Internet. Cara a esta presencia, se debe terminar con la dispersión actual. Como han hecho otros países, las páginas web de todas las cancillerías, por un lado, y de todas las Oficinas Comerciales, por otro, deben tener el mismo diseño, estético y de contenidos. Su gestión y actualización de contenidos deben seguir unos criterios unificados. Para ello, parece imprescindible contar con una plataforma tecnológica única en el área de Asuntos Exteriores y en el área de Comercio, de la que cuelguen las webs individuales de cada embajada u Oficina Comercial. Este es el sistema, desde luego, que siguen países que están más avanzados, como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Australia…
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