REDRI
Revista Electrónica de Relaciones Internacionales

 La religión como causa
de la brecha trasatlántica

 La visita del presidente Bush a Europa ha generado importantes expectativas de que pueda contribuir a reparar en alguna medida la “brecha trasatlántica”. Las diferencias de análisis y política entre ambos lados del Atlántico tienen sin embargo unas raíces filosóficas profundas, según analiza en este artículo el colectivo Atrium. Para Atrium, la importancia que ha adquirido la religión en la política de Estados Unidos (en los que casi el 50 por 100 de los ciudadanos cree en la existencia del diablo) determina una diferencia crucial a la hora de analizar y afrontar los problemas en comparación con Europa, en la que domina el secularismo.

 
Atrium

Las diferencias entre Estados Unidos y Europa a la hora de analizar muchos problemas, y las consiguientes diferencias en las políticas que se consideran adecuadas para responder a ellos, han crecido de manera importante en los últimos años y han alcanzado su máxima expresión en las divergencias sobre el conflicto de Irak.

Si duda se trata de un problema complejo: son muchos los factores que explican e inciden en estas diferencias. Pero, al menos en parte, esas diferencias se podrían explicar por la contradicción entre la fuerza que ha adquirido la religión en Estados Unidos en comparación con Europa, y la persistencia en ésta de métodos de análisis fuertemente enraizados en tradiciones seculares, entre las cuales ocupa un lugar destacado el marxismo.

Es decir, que cuando la dialéctica marxismo-cristianismo parecía una reliquia del pasado, podría servir para explicar –repetimos que al menos en parte- las divergencias de análisis y de política entre ambos lados del Atlántico. 

Entre Estados Unidos y Europa existen, de entrada, diferencias en las prioridades con que son contemplados los diferentes problemas del mundo. Así, para los norteamericanos, según algunas encuestas realizadas en estos últimos años, los problemas más preocupantes son la proliferación de armamento y el terrorismo. Para la mayor parte de los europeos, sin embargo, los problemas más importantes son el odio religioso y étnico, la pobreza, las desigualdades. 

Existe una diferencia de naturaleza entre ambos tipos de problemas. El primer tipo –proliferación armamentística, terrorismo- son problemas que constituyen lo que podríamos denominar una “amenaza directa”. 

El segundo tipo de problemas –pobreza, desigualdades, diferencias étnicas y raciales- constituyen lo que podrían ser denominados como “factores causales” o “amenazas indirectas”: en sí mismo no representan una amenaza directa para los ciudadanos europeos o norteamericanos –como sí la representan el terrorismo o las armas nucleares-sino que constituyen el caldo de cultivo que favorece el surgimiento y desarrollo de las “amenazas directas”. Es la pobreza o el sentimiento de agravio, por ejemplo, lo que empuja a muchos musulmanes a elegir la senda del terrorismo.

La siguiente pregunta que podríamos formularnos sería: ¿Por qué europeos y norteamericanos muestran estas diferencias en la valoración de los problemas que consideran como más prioritarios?

El diferente grado de secularismo existente entre Estados Unidos y Europa es uno de los factores que explicaría esas diferencias.

Estados Unidos es hoy en día una nación mucho más religiosa que los países europeos. Una encuesta, citada hace un par de años por The Economist, mostraba, por ejemplo, que un 45 por 100 de los estadounidenses creen en el diablo, frente a sólo un 13 por 100 de los británicos.

Con una perspectiva fuertemente religiosa, en la que se considera que la actuación del demonio puede ser efectiva y real, resulta lógico que se minusvaloren los posibles factores causales de los peligros y las amenazas. La causa de éstos es el “mal”. Hay gente que es “mala”, que está influenciada por el “demonio”, que le gusta “hacer el mal”. Los terroristas que lanzaron los aviones contra las Torres Gemelas lo hicieron por “maldad”, porque pertenecían a una organización inspirada y dominada por el “mal”.

El posible trasfondo que podría explicar su decisión de cometer los ataques terroristas –como los problemas de Oriente Medio: el conflicto palestino, las supuestas agresiones que los terroristas percibían contra la religión musulmana, etc.- apenas merecen consideración desde esta perspectiva, en la que lo único que cuenta es el “mal” como un elemento autónomo que guía la actuación de las personas.

Significativamente, ha sido el presidente Bush el que lanzó e hizo popular la expresión “eje del mal”, una expresión con una fuerte connotación moral y religiosa.

Desde un análisis más secular o, si se quiere, un análisis en el que determinados esquemas de análisis marxista han pasado a formar parte de la metodología de análisis convencionalmente aceptada (como el principio básico de que las circunstancias contribuyen a determinar el comportamiento de las personas), se pone un mayor énfasis, a la hora de analizar las amenazas, en los factores condicionantes que pueden estar detrás de ellos. Los ataques suicidas palestinos en Israel, por ejemplo, se explicarían, al menos en parte, por la situación de desesperación en que se encuentra la población de los territorios ocupados.

De acuerdo con este planteamiento, con la visión religiosa se tiende a ver los problemas de una manera más autónoma en relación con las circunstancias o las causas ambientales. El “mal” es un factor causal determinante.

En cambio, con la visión secular las circunstancia ambientales juegan un papel importante.

Estas diferentes visiones sobre el origen y naturaleza de los problemas dan lugar lógicamente a tipos de respuestas, a formas de afrontar los problemas, a políticas que son también distintos.

Para la visión religiosa, la respuesta lógica es atacar directamente las amenazas: perseguir a los terroristas, atacar los Estados peligrosos como Irak... Las causas de los problemas no se tienen en cuenta porque no existen: la causa fundamental es el “mal”, es decir, un factor interno al ser humano (o que es imbuido en éste por el “demonio”), contra el cual ninguna política puede hacer nada.

Para la visión secular, no basta con afrontar directamente las amenazas, sino que hay que abordar también las circunstancias que están en su origen. Hay que perseguir a los terroristas, pero también afrontar el problema de la miseria, las desigualdades, el conflicto palestino-israelí, hay que intentar limar las diferencias y malentendidos entre las sociedades occidentales y el Islam.

En suma, la esencia del argumento expuesto en estas líneas es que con predominio de un enfoque religioso se pone el énfasis en aspectos morales y religiosos como el “mal” o el “demonio”, que escapan a la posibilidad de acción de las sociedades (lo más que cabe hacer es rezar para que se reduzca la influencia del “demonio”). La única respuesta posible es la lucha directa contra las amenazas.

Con un predominio de un enfoque secular-marxista, se pone más énfasis en las circunstancias que contribuyen a que surjan las amenazas. Por ello no hay solamente que prepararse y luchar contra éstas, sino que hay que luchar también para intentar eliminar esas circunstancias, esos factores causales que han favorecido la aparición de las amenazas.

Podrían ponerse muchos otros ejemplos de las implicaciones sobre la política, sobre la acción, que tiene esta diferencia de visión. Uno de los casos más claros es el de la pena de muerte. En Europa es rechazada de forma generalizada, porque se considera que el criminal no es “malo” en sí mismo, sino que ha derivado a la criminalidad en parte por las circunstancias. Si una persona se ha educado en una barriada marginal, sufriendo malos tratos de un padre alcohólico, sin ir a la escuela, tiene muchas más posibilidades de terminar siendo criminal que un chico que pertenece a una familia acomodada, ha ido al colegio y ha tenido en su casa una atmósfera familiar más o menos normal.

De ahí la importancia que tiene en el planteamiento penal europeo la idea de la reinserción, idea que queda radicalmente excluida con la pena de muerte, aceptada en Estados Unidos con tanto entusiasmo como rechazo genera en Europa. 

¿Qué puede ocurrir en el futuro? Si el análisis realizado en las líneas precedentes tiene, al menos en parte, validez, las perspectivas de que se cierre la brecha trasatlántica no parecen muy alentadoras, habida cuenta de que Europa no parece estar cambiando su tradición secular, mientras que en Estados Unidos, desde la llegada de Bush, se ha reforzado significativamente  la presencia del fundamentalismo religioso.

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